Un informe presentado por el Observatorio La Rábida en Huelva, España, en el marco de la XXVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, revela que el 40,6 % de la población de América Latina y el Caribe experimentó inseguridad alimentaria moderada o severa en 2021, en comparación con un 29,3 % a nivel mundial. Además, casi 60 millones de personas en la región están subalimentadas, lo que representa el número más alto de las últimas dos décadas. El informe, titulado «Sistemas alimentarios y cambio climático en Iberoamérica», destaca que la región está a la cabeza en cuanto a estas cifras, especialmente en América del Sur, donde el 8 % de la población padece hambre, 11 millones más que en 2019.

El informe también muestra que el número de personas que padecen hambre en Iberoamérica está cada vez más igualado con el de aquellas que tienen sobrepeso, lo que indica una necesidad de acceso a una dieta nutritiva, saludable y sostenible para la mitad de la población. Además, el informe indica que 14 millones más de mujeres y niñas que de hombres sufren inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que está relacionado con una brecha de género en el acceso a los productos y un mayor riesgo de padecer hambre, malnutrición, desnutrición y anemia.

El sobrepeso y la obesidad también son un problema en la región, ya que más de 4 millones de niños de hasta 5 años en Iberoamérica padecen sobrepeso. Los sistemas alimentarios modernos están relacionados con un mayor acceso a alimentos procesados e hipercalóricos, sin valor nutricional, especialmente en las zonas urbanas.

El informe recomienda una transición hacia nuevos sistemas alimentarios para frenar la crisis climática y garantizar el bienestar de la población iberoamericana. Para lograrlo, se deben impulsar cadenas más cortas de producción y consumo, así como dietas más sostenibles, diversas y saludables. También se recomienda mejorar la regulación de la venta, empaquetado y publicidad de los alimentos, incentivar las cadenas más cortas de comercialización y venta, y promover la agricultura familiar y de proximidad para la producción de alimentos saludables como las legumbres, frutas, vegetales y hortalizas. Es necesario incluir a las comunidades locales, pueblos indígenas y originarios, así como a organizaciones agricultoras en las decisiones relativas a los sistemas alimentarios.

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